Posponer

Escribir cuando tenía un tiempo libre en el trabajo era de sus cosas favoritas. Porque le acercaban a eso que más amaba hacer, pero que por causas de la realidad, debía posponer. Como la alarma que sonaba a las 6:00am todos los días. Posponer para enfrentar la realidad. Posponer para soñar un poco más. Pensaba que el mundo a veces es un poco cruel con los soñadores, con los que creen en el arte, con esos que lloran hasta que se le hinchan los labios. Porque los labios se hinchan al llorar por una realidad que no es muy condescendiente con los soñadores, con los que creen en el arte… Y tampoco es muy condescendiente con los que buscan el amor, aquel que no es el propio porque ese ya existe, sino el que te da alguien más, desinteresadamente. 

Al terminar de escribir, piensa que es momento de decirle adiós a esos sueños. Que no vale la pena ir posponiéndolos, porque posponer duele, y porque hay dolores que no se quitan con miel o con limón y sal o con tequila. Y que también es momento de decirle adiós a esos amores que no pueden ser, que nunca pudieron ser y que no llegarán a ser. 

Se metió muy bien en ese papel de escritor que debía representar en la obra. Sintió el dolor del personaje que encarnaría, ese soñador que debía camuflarse en libros de contabilidad y que trataba todos los días de que el activo más el pasivo fuesen igual al capital. Qué aburrida y monótona que puede llegar a ser la vida algunas veces. Él representaba a ese escritor que escribía en su tiempo libre, y se sintió afortunado de solo interpretarlo, aunque él mismo sufriese con sus batallas internas, porque los miedos y otros monstruos no saben a quién dejar fuera de los juegos de la vida. Pero menos mal… que él solo era un actor en un gran teatro de Madrid.

"Ella te ama"

“Ella te ama”… Él lo sabía. Escuchaba esa canción gracias a sus audífonos. Los Beatles se lo decían, casi insistiéndole, pero él estaba reacio a corresponder a un nuevo sentimiento. Reacio porque sabía que no era tan libre como ella lo creía. Reacio porque ella no merecía ser el entretenimiento de alguien más. Él mintió. La quiso como nunca antes había querido y mintió. Ella creyó en él porque, a final de cuentas, no todos mienten. Él la quería. Pero…  ¡Qué diablos! De momento no podían estar juntos.

Por un instante, el vagón se convirtió en un escenario y las personas desaparecieron. Veía a Ringo en una esquina, tocando la batería. Estaba vestido de Sargento Pimienta. “Su Beatle favorito” pensó sonriendo. Apareció George, guiñándole un ojo, para perderse luego en las cuerdas de su guitarra. John y Paul salieron de forma simultánea, luciendo como esos chicos del álbum Please Please Me. Y empezaron a cantar para él:

“… Dijo que la heriste. Que casi pierde su cabeza. Y ahora sabe que tú no eres del tipo que hiere…”.

Creyó verla en pensamientos. Quería verla por siempre. Dio un respingo al oír el aviso de su parada y Los Beatles empezaron a difuminarse. “Momento efímero… como sus besos”. Unos besos que sólo había sentido en sueños. Salió al andén y caminó a paso rápido para enfrentarse al calor abrasador de esa noche de verano. Se vería con otra mujer, mas en el trayecto sólo podía tararear: “… She loves you, yeah, yeah, yeah. With a love like that you know you should be glad…”

De a ratos…

Y se trata de a ratos.

A creer

A dar vida a las palabras

A no escuchar pensamientos

A vivir y equivocarse

Y aprender de eso.

De a ratos recuerdas

Que en la búsqueda del amor

Eras un perdedor

Sí. Así, sin más

Perdedor

Porque el amor no se busca

Como se busca al Santo Grial

Que el amor llega

Cuando te amas a ti

Y te aceptas a pesar de todo

De los demonios

De esos que buscan sabotearte

Cuando crees que has perdido.

Que el amor te llega

Cuando aceptas estar bien contigo mismo

Que no necesitas florituras

Hojas sin fuente de vida

Que de las palabras vacías

Solo queda el aprendizaje

Y ahí empieza el viaje

A creer en ti mismo

Y a amarte

Y a no necesitar flores plásticas

Y a quererte, carajo, quererte mucho.

De a ratos se trata

A aprender de eso

A equivocarse y vivir

A creer

Que en la búsqueda del amor

Como en la del Santo Grial

Te encuentras

Y que eso está bien

Porque para qué es la vida

Sino para eso

Para aprender un poco

Encontrarse

Y luego creerse uno poeta.

PD: que ya hoy es Sant Jordi… y las palabras hay que escribirlas 🙂

Flores en un ático

Llega y no llega, como siempre. Una habitación vacía y oscura. Un vaso con restos de vino sobre la mesa. El libro de las cuentas abierto. La libreta de los sueños a un lado. Esa palpita. Tiene vida. Al no llegar, toma las cuentas y se impregna de realidad. De las que matan un poquito más. Hay que vivir, así dicen, todos los días con significado. Y entonces llega, y por eso toma el pálpito, y lo palpa, y lo siente, y lo vive. Tiene constelaciones en su portada, y polvo de estrellas y sueños. Imagina que una mente llena de números y letras, es como un ático lleno de flores. Es un lugar privado, oscuro y mágico.

Ni el libro de las cuentas, ni los desamores, ni las realidades, podrán apagar las estrellas, podrán marchitar las flores. Ellas están arraigadas al ático, ellas están en el cielo, y ya no esperan que un rayo de sol se cuele por una ventanilla, o atraviese la luna, y les diga: son hermosas. Dan vida y tienen luz propia.

Al terminar de llegar, toma el libro de las cuentas, el que quita un poco de vida, y lo deja a un lado. Sobre él, van las memorias de las flores, con constelaciones en su portada y sueños en sus páginas. Y se va a dormir en paz, dejando nuevo vino en el vaso, porque sabe que el mañana será otra oportunidad para llegar y volver a llenarlo.

Mi primer libro: “No Olvides la Brújula”

Estos meses estuve más que ausente en este espacio. Es que estaba escribiendo mi primer libro, y sólo tenía cabeza para sus letras. He leído que escribir un libro (un primer libro) es como tener un hijo. La emoción de ver terminada tu primera novela, creo que puede compararse con eso de convertirse en padres. Un libro que escribes, es un pedacito de ti. Contiene un pedacito de tu alma:

No olvides la brújula

Sinopsis:

«A veces me preguntaba “¿En dónde quedan los sueños?”… Dicen que en La Segunda Estrella a la derecha y recto hasta el amanecer. Sí, hay gente que piensa que Nunca Jamás es el sitio donde quedan los sueños. Gracias J.M Barrie. Yo digo que los sueños están en A Tomar Por Culo a la izquierda y cuidado con las curvas porque te puedes volcar. Es que el trayecto es una mierda, en serio. Lleno de baches mal pavimentados y huecos y vías dobles… Hay algunos que afirman que vale la pena atravesar el camino de A Tomar Por Culo a la izquierda y cuidado con las curvas porque te puedes volcar, porque cuando llegas a los sueños, los vas a valorar como nada, porque te jodiste un montón el lomo para lograr llegar a ellos…»

Amistades de toda la vida, ciudades del mundo que nos pertenecen, perseguir nuestros sueños. En eso es lo que creen Helen, Carolina y Bárbara; mejores amigas desde tiempos escolares.

Helen fue la primera en dejar su lugar de origen para irse a la ciudad de sus padres, Londres. Con 17 años, no sabe muy bien qué es lo que va a hacer, puesto que nunca se había planteado dejar su historia y su vida para seguir la de su familia. Sólo tiene claro una cosa: Quiere escribir por siempre. Y eso lo nota Stephen, dueño de ese mágico café en el que Helen entra una tarde, escapando de la realidad que le ofrecía esa ciudad extranjera. Él tiene 35 años, una hija de ocho, y le aterra la posibilidad de haberse enamorado de la chica de las letras 18 años menor que él. Y a Helen le aterra lo que puedan pensar sus padres de la persona que le robó su corazón… sí, de Stephen… ¿Podrán sus brújulas mostrarles el camino que deben seguir para lograr sus sueños?

Carolina es extrovertida, atrevida e independiente. A sus 26 años quiere tener su propio hotel y se prepara arduamente para ello. Consigue su primera gran oportunidad laboral en Buenos Aires, y en su primer día de trabajo se queda atrapada en un ascensor junto a Federico, hijo del presidente del grupo hotelero para el cual trabajará. Éste toma ventaja de su posición y de la falta de conocimiento que tiene Carolina con respecto a quiénes son los directivos del hotel, y le oculta su verdadera identidad. Surge la chispa entre ambos y su historia se desarrollará sin muchos contratiempos, hasta que llegue el momento de enfrentar las verdades ocultas… ¿Podrán sus brújulas mostrarles el camino que deben seguir para lograr sus sueños?

Bárbara rompió el molde en su familia y poco creían en ella debido al sueño que tenía por cumplir: Convertirse en una importante mangaka (dibujante de cómics) en Japón. Sólo quería dibujar por el resto de su vida, pero la vida no le estaba sonriendo como ella había esperado. Con 27 años, estaba en Madrid viviendo en un alquiler poco agradable, y los problemas económicos eran la primera orden del día. En su trabajo como camarera de un restaurante de comida rápida, se reencuentra con Vicente, un antiguo compañero de la universidad que le enseñará de qué va eso que llaman “enamorarse de verdad”. Vicente tiene un trabajo increíble en Los Ángeles como animador en un importante estudio de animación de largometrajes por computadora, y ambos deberán probar el amargo sabor de estar enamorados de alguien que vive en otro continente. Tendrán que enfrentarse a sentimientos que eran desconocidos para ellos hasta ese momento… ¿Podrán sus brújulas mostrarles el camino que deben seguir para lograr sus sueños?

Caracas, Londres, Margarita, Buenos Aires, Bariloche, Montevideo, Madrid, Sevilla y Tokio… son las ciudades que nos acompañan en las aventuras de Helen, Carolina y Bárbara. Al final, todos somos ciudadanos del mundo, y éste nos pertenece.

#NoOlvidesLaBrújula (2)

Disponible Amazon Kindle:

Pensamientos aleatorios I

Alguien que hizo el amor por primera vez en mucho tiempo, también se ganó la lotería ese mismo día. Y no, no es en plan: la lotería del amor. Es en plan más literal, tipo: Que se jugó un número y los niños de San Ildefonso le cantaron el premio millonario. Sí. Millonario… e hizo el amor como nunca antes lo había hecho. Todo el mismo día. Eso es tener suerte en la vida, ¿no?

 

 

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La vida en el café II

“Katia miró al hombre que acababa de entrar al café. Su cabello mojado le daba un toque curioso y atractivo. Vio como se sentaba en la mesa que se encontraba a su lado. Por un momento sus miradas se sostuvieron y todo tuvo sentido. Muy pocas personas pueden sentir eso en su vida. Javier sintió que estaba en casa, y Katia se sintió agradecida por lo que el momento le estaba ofreciendo. Las personas que estaban en el lugar poco a poco fueron tomando menos sentido en el texto que ella escribía. Javier olvidó el día difícil que tuvo. Y la vida en el café siguió ajena al nuevo comienzo que ellos dos tendrían”. 

Javier. Para ella, ese nombre era sinónimo de terremoto. Fue un agradable y desafortunado terremoto en su vida. ¿Cómo era posible que un primer contacto visual haya podido tener semejante grado 10 en la escala de Richter? Ella estaba en modo neutro. No esperaba ningún movimiento telúrico considerable. Y él estaba medio ocupado, pero no le importó demasiado cuando no pudo apartar su vista de los ojos de Katia. No puedes meterte en la vida de alguien más, así como así, y esperar que no vas a dejar daños considerables cuando decides apartarte para resolver tus mierdas internas. Las personas deberían tener alguna especie de prohibición, casi a nivel legislativo, sobre no sacudir los pilares de vida de otras personas en el plano sentimental. ¡Joder! Que ella no iba por la vida sacudiendo los putos pilares sentimentales de otros. ¿Qué clase de derecho él creyó tener cuando la pescó con esos ojos oscuros y pequeños?

Relación por casi 13 años. Empezaron cuando ambos eran muy jóvenes. ¿Cómo dejarla por alguien que conoció en un café? ¿Cómo explicarle que esa chica, que estaba absorta escribiendo en su laptop, con magia en sus ojos, provocó el mayor impacto de su vida? Son chorradas que sólo pasan en un culebrón de mala muerte a las 13 horas. Sí, justo después de las noticias, como para hacerte olvidar lo que la presentadora rubia, y su compañero casi sesentón, opinaban sobre una posible guerra entre Corea del Norte y Estados Unidos. A olvidar una amenaza de bomba nuclear con esa historia entre personajes, con nombres tan pintorescos, que rayaban en lo ridículo. Era mejor mirar una cachetada nivel épico, que ver imágenes de niños corriendo en una carretera desierta mientras en el ambiente se esparcía una sustancia que les provocaba quemaduras por todo su cuerpo. Se sintió como un verdadero pedazo de mierda, como un verdadero cagarro de días atascado en algún intestino, como un verdadero pedazo de estiércol de cerdo que pasa a formar parte del abono para una tierra. Pero luego de unos meses con Katia, esos 13 años no le pesaban del todo. Al menos, no cuando estaba con ella. Pero cuando hablaba con su pasado, y estaba con su pasado, esos 13 años se convertían en su vida, y simplemente no sabía cómo decirle que estaba provocando terremotos en vidas ajenas y en la de él mismo. No pudo hacerle el amor a Katia, porque su pasado retumbaba en su cabeza; y sentirse como un canalla, un mal hombre, no le resultaba buen plan. Por eso la dejó. A pesar de las conversaciones, de los mocaccinos en esa cafetería tan de ellos; a pesar de sus aficiones parecidas, de sus formas de sorprenderse tan simples… A pesar de todo eso, se alejó. Porque tenía asuntos que resolver. Y los resolvió. Y tres personas salieron heridas. Por su culpa, pedazo de mierda. Por su culpa.

Y ahí estaba. Habían pasado dos años desde aquel encuentro con la mujer de su vida. La que amaba con todo su ser. Seguía frecuentando ese café, tan de ellos, tan de ella, tan de esos que se refugian de una lluvia otoñal. Y seguía perdida escribiendo. ¿Habría cambiado su forma de escribir? Cuando no tienes el corazón tan jodido, puedes escribir con esperanza. ¿Él le había arrebatado esas esperanzas? ¿Cómo podría saberlo? Entonces la veía, desde el ventanal del café, con un paraguas protegiéndolo, como si él lo mereciera. Tenía que recuperarla. De alguna forma. Pero ella permanecía ajena a su acecho. Él la protegía de él mismo…

 

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